Solo Goya

“No tengo ya vista, ni pulso, no tengo pluma, ni tintero; pero me sobra voluntad”
La enervada mano se desplaza, y traza inquietas ternuras en la soledad fría de los inútiles deseos. La intimidad anida profundos grises y blancos perdidos, que disfrazan un tíbio erotismo desnudo de formas hasta entregarse, sin reconocer intrigas ni cautelas. Ajeno a la historia, propone silenciosamente insólitos caprichos. Efímero es el tiempo concedido para amar y ser amados.