La dama del unicornio

París (cartones), Países Bajos (tejidos)
Entre 1484 y 1500
Lana y seda
Mi único deseo
Apenas atisbada la pasión, quebraron mi resistencia en miles de fragmentos, y se quedó la vida quieta entre rojos y verdes que vistieron mi piel para la historia: imágenes atrapadas en una inmovilidad obligada, seducidas con promesas de eternidad. ¡Cómo hacer comprender a tantas miradas la verdad de aquel desatino, lo ensombrado de una época, la rebeldía en un instante de larga frustración! El único que se mantuvo fiel fue el silencio y la oscuridad del tiempo, enmudecido el quejido de una voluptuosidad no respondida, y unos entrelazados sueños colgados en un tapiz. El mito perpetuó el resto de mis sentidos en un lecho de lírios y mimosas.






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gracias
Rosa Esthe