Monday, June 30, 2008

Escultura en mármol

Pulina Borghese (Antonio Canova)


Imposible huir.
Encadenada a la pasividad del tacto,
presencia el eterno desafio:
el aire cincelando su alabastrina identidad,
encadenada a la mudez del tiempo.

No teme la carencia:
cuando ellas falten se hará más sonoro el rumoroso silencio.

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Friday, June 27, 2008

Improvisando

 Vermeer


 

Preludio,
bagatelle de un destello sencillo,
aire en fuga,
piano,
caprichos de una composición
que solfea su perfil
con el romántico nombre de sonatas
hasta llegar a una cadencia alegre
que anega el aire
con el impromptu
de una elegante serenata nocturna.
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Monday, June 23, 2008

Vincent van Gogh



  
Empecé a conocer a Vincent cuanto más tiempo dedicaba a su obra. Sin embargo él sería siempre para mí aquel chico raro, el joven solitario y excéntrico que no supo bien qué hacer con su vida. Había nacido en Zundert, a unos 15 kilómetros de Breda, un lugar de origen algo oscuro que me costó trabajo encontrar, y vivió en su infancia el ambiente calvinista de su casa, lo que no favoreció la relación  con su padre. Me parece ver a aquel niño, falto de afecto, desconocedor de lo que le reservaba su corta vida. Ya con 16 años tuvo su primer empleo como vendedor de arte, y quizás sea en estos cuatro años que pasó en La Haya –los más felices y despreocupados que conozca- cuando empieza a interesarse por la pintura. Este período se alarga cuando es trasladado a la sucursal en Londres. Pero no parece que este trabajo le satisfaciera lo suficiente y lo da por terminado. Después de unos intentos de recobrar sus estudios, vuelve por cierto tiempo a casa de sus padres. La vida le tenía reservado otros planes.

He seguido sus pasos desde La Haya a Londres, desde esta ciudad a París y su regreso. Su vuelta definitiva a Francia. He leído las cartas a su hermano Theo, que siempre le apoyó. He observado sus pinturas y aquella obsesión –en sus comienzos- por la religión.Todo con el fin de saber más de él, de buscar explicación a su carácter, de poder comprender qué le hizo seguir el camino que tomó. Tuvo que sentirse muy frustrado al haber vendido sólo un cuadro mientras estaba en vida. Parece como si tuviera un presentimiento cuando dijo: llegará el tiempo en que descubrirán que mis cuadros son más valiosos que lo que he usado en pinturas. Tenía razón Vincent. Ahora, contemplando lo que considero broche final de su primera etapa –”Los comedores de patatas”- siento esa mano del artista, apresurada, poniendo en escena su preocupación por el mundo campesino. Haciendo verdad eso de decir con el pincel lo que no se puede decir en palabras.

Me gusta el Vincent de su época en París, con energías, con ganas de experimentar. Allí conoce a Toulouse-Lautrec, los impresionistas, y otros jóvenes como él que buscaban el triunfo por medio de la creatividad. Ya está olvidado lo oscuro de Nuenen. Es el momento de “Pere Tanguy”, del empleo del color, la luz en su pintura, de interesarse por la naturaleza, de la importancia del paisaje. Y su encuentro con Gauguín, que dejará una marca intensa en sus vidas.

Vincent no ha tenido mucha suerte en su relaciones. Varias veces se ha visto rechazado. Enamorado de una joven que no le correspondía, intentó quemarse una mano. Desde entonces sus reacciones son imprevistas, peligrosamente apasionadas. Se ha instalado en Arles, en la “Casa amarilla”, donde pinta “Girasoles”. Invita a Gauguín. Pero su estancia termina tragicamente cuando después de una discusión e intento de ataque por parte de Vincent, este termina cortándose un trozo de una oreja. Desde ahora vivirá con el temor de perder sus facultades de pintar.
 
Ante su “Autorretrato” me asaltan las dudas. No es una mirada triste ni desvalida, pero es difícil  llegar a saber la realidad de su comportamiento. Él mismo dijo lo mucho que costaba conocerse a sí mismo. En su pintura jugaba tanto con la verdad que la modificaba. Él era alguien que no daba importancia a las mentiras si estas eran más verdaderas que la verdad literal. Era sin lugar a dudas un hombre que sufría extremadamente esa soledad a la que sus circunstancias le habían condenado. Pero ¿fue ésto el motivo de su propia destrucción, o el no ver el éxito deseado? Se marcha a Auvers-sur-Oise. Su mano sigue fuerte y su pincel activo derrochando color y trazos.

Desde su “La noche estrellada” me hablan sus sentimientos. Se rebela el miedo en la intensidad y energía de las pinceladas, en el conflicto intenso de los contrastes. Hay movimiento, agilidad. Curvas y círculos. Se siente la violencia, la rebelión. Pero lo que más impresiona es el silencio. Es como una premonición.

Posiblemente no hay nada ya que pueda detenerlo. Dos días más tarde pone fin a su vida, su hermano Theo no lo abandonará ni un momento. Unos meses más tarde estarán ambos descansando en Auvers-sur-Oise.
 

 

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Sunday, June 8, 2008

Paisaje incompatible

Van Gogh

Noche de centauros y cometas:
efluvio de púrpuras y azules
que se escapan como sombras silenciadas de los iris.
Aureola desprendiéndose con lentitud,
dulce postre para una tierra incompatible
con la violencia de las bestias y la sed.
 

 

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Friday, June 6, 2008

Velazquez en Google

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Tuesday, June 3, 2008

Una dama antigua luchando con el tiempo


“Como un pulso que golpea las tinieblas”


Gabriel Celaya

No se conocieron pero todos dejaron más en el siglo XVIII que sólo sus pasos. De Tomaso Albinoni dicen que fue un dilettante, pero a mí me enamora su maestría con el violoncelo y el violín. En lo que se sabe de la vida de Corelli hay mucho de leyenda, y de Marie Antoinette cuentan innumerables  historias que quizás no fueron de su preferencia, pero sí le llevaron a su trágico final. Vivaldi, Albinoni, Voltaire, Kent, … ellos también forman parte del legado de aquellos años que con acierto llaman el siglo de las luces. Y nadie mejor que los artistas de la pintura para atrapar esas luces entre los óleos de sus paletas, pues la luz es también negro, blanco, sombras, tinieblas, blancoscuros, la luz es espacio y equilibrio, pero sobre todo la luz inspira y transforma. Por eso, para quien llega del sur, donde la luz es de un carácter dominador, la luminosidad humilde de este espacio abierto, sin horizontes quebrados, tiene un efecto persuasivo y confidencial, de sosiego: la luz acariciando, la luz acortando distancias, la luz que invita a conocer. De todo esto sabían muy bien pintores como Rembrandt -sombras y dorados- y Vermeer -íntimo y familiar- entre otros.

“El año del siglo XVIII” es el nombre de la exposición que presenta el Museo Nacional de Twenthe, en Enschede. Pintores flamencos como Pieter Barbiers, Isaak Ouwater, Wybrand Hendriks, Cornelis Troost, Johannes Reekers, Tibout Regters, hacen ver el efecto de la luz en la naturaleza y en los retratos: paisajes y ciudades, elegante y rica burgesía, escenas alegres y atrevidas, hasta iluminar con el pincel un comportamiento más sencillo e ideal en el interior entre amigos y familiares. No quiero ser indiscreta y procuro acercarme a los personajes retratados evitando distraerlos. Ellos siguen ensimismados en sus ocupaciones, lectura, lecciones de música, visita de amigos, un paseo por el parque, un momento de descanso … Se presiente la música en el aire y el rumor de una conversación empezada que no puede salir del marco en que se encuentra desde entonces. La luz sigue estando presente en las telas, en los tonos, en cada pincelada; susurros de pasos en cada una de las salas, un reloj deja oír cadenciosamente las tres …

Y la luz de nuevo en aquella sala, la luz que deja ver también -inevitablemente- su lado crítico y observador, que se introduce en todos los pliegues, texturas, marcos y lienzos. Es en esa luz donde una dama antigua lucha con el despiadado tiempo. Paso a paso una mano precisa la desnuda de barnices envejecidos y suciedad, de pegamentos y remedios mal empleados en el pasado, repara grietas y malos tratos. Vuelve el olor de los aceites y de la pintura, y siente la caricia de los pinceles, la presión de la espátula, el roce del algodón. Renace a la vida. Vuelve a tener la luz que la hace cercana e intensifica su mirada, luz generosa que da profundidad al terciopelo y al espacio. Regresa la luz a la imagen y la alimenta hasta recuperar el color y la tersura y descubrir así su verdadera identidad*.
 

*Catharina Hochepied.
Nicolaas Verkolje fue su pintor.
Despues de 1717
 
 
http://www.rijksmuseumtwenthe.nl/


Publicado en: 
http://alenarterevista.wordpress.com/
 

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